Debía ser un día frío ya que era el mes de noviembre en una ciudad centroeuropea cualquiera. Seguro que había llovido por que suele ser el pan nuestro de cada día.
Ella parecía ser una persona que a priori, lo tenía todo o al menos una situación privilegiada a ojos de terceras personas. Chica joven con un contrato de prácticas decente trabajando en un sitio de referencia. Con esa edad ideal, donde lo que cobras lo inviertes en vivienda y el resto lo sueles dedicar a ocio y si queda algo a comer. Sales y entras a tu antojo y ella al ser una “trainee” tenía una vasta red de coleguillas en su misma situación dada la última remesa de universitarios contratados.
Fiestas salvajes, con el típico código sagrado, “lo que pasa aquí se queda aquí”, colección de hormonas flotando por el ambiente buscando su flor. En fin, la época dorada que tan buen recuerdo me dejó a mí.
Mi despertador sonó con puntualidad ni británica ni suiza, la habitual. Deslicé el dedo para contener el estruendo y mire el mail como de costumbre. No suele haber nada interesante pero es un hábito adquirido.
Tengo un mail del presidente, miro que no sea personal ya que eso no molaría para nada. No lo es, es un mail trágico. Anuncia que ayer por la tarde, desafortunadamente un colega murió en las dependencias del banco.
Alguien ha tenido un accidente haciendo deporte en el gimnasio o en la pista de fútbol, pensé. Joder que mala suerte!
Llego al banco, voy a la máquina de café siguiendo el ritual matutino y me llega la verdad verdadera. Ni accidente ni nada parecido. Ella, la trainee rumana de no sé qué departamento, se suicidó ayer, tirándose desde el noveno piso por un patio de luces.
Pim, pam.
Luego me vino la rumorología añadida y ahí lo dejé estar. Demasiado gore y demasiada fantasía que creo que no venía a cuento.
Minuto de silencio al día siguiente a las 11 de la mañana.
Uno de esos sucesos incomprensibles.
lunes, 18 de noviembre de 2013
sábado, 9 de noviembre de 2013
mercromina
Fueron las raíces, las que me hicieron caer. Esas raíces descuidadas del jardín y que habían conseguido dominar el tablero de forma magistral. Donde antes había un césped cortado al milímetro, que nada tenía que envidiar a los mejores estadios de fútbol, ahora hay anarquía y confusión.
Fue una caída tonta, como la mayoría de ellas, pero dolorosa. Consiguió que se me abriera una brecha en el pantalón al nivel de la rodilla con la consiguiente sangre de por medio. Más aparatoso que grave. Recuerdo que llamé al timbre de la Sra. Mindle, la gran vecina. Dudé si todavía, viviría en la casa de al lado.
Del interior de la casa salió una chica joven con cara de pocos amigos. Obviamente, que alguien te despierte un sábado sobre las 8.30 de la mañana no gusta a nadie. Me apresuré a pedirle perdón pero al ver mi rodilla su cara se relajó y me pidió que pasara.
Bonita cocina, de estilo provenzal, mucha madera, colores suaves y decapados y en general una atmósfera relajada que invitaba a tomarse un gran desayuno. Me senté en una silla a esperar, mientras oía a mi “enfermera” revolver uno de los armarios de la habitación contigua.
Llegó al poco rato. Palangana, agua, agua oxigenada y mercromina. Mercromina? No pude evitar contener la risa. Hacía años que no veía un bote de esos y me transportó de inmediato a los veranos cálidos que pasaba en esta área.
Ella pareció intuir mis pensamientos, y me dijo: “cuánto hace que no te pelabas una rodilla, vaquero?” Sonreí, demasiado sin duda,…
Fue una caída tonta, como la mayoría de ellas, pero dolorosa. Consiguió que se me abriera una brecha en el pantalón al nivel de la rodilla con la consiguiente sangre de por medio. Más aparatoso que grave. Recuerdo que llamé al timbre de la Sra. Mindle, la gran vecina. Dudé si todavía, viviría en la casa de al lado.
Del interior de la casa salió una chica joven con cara de pocos amigos. Obviamente, que alguien te despierte un sábado sobre las 8.30 de la mañana no gusta a nadie. Me apresuré a pedirle perdón pero al ver mi rodilla su cara se relajó y me pidió que pasara.
Bonita cocina, de estilo provenzal, mucha madera, colores suaves y decapados y en general una atmósfera relajada que invitaba a tomarse un gran desayuno. Me senté en una silla a esperar, mientras oía a mi “enfermera” revolver uno de los armarios de la habitación contigua.
Llegó al poco rato. Palangana, agua, agua oxigenada y mercromina. Mercromina? No pude evitar contener la risa. Hacía años que no veía un bote de esos y me transportó de inmediato a los veranos cálidos que pasaba en esta área.
Ella pareció intuir mis pensamientos, y me dijo: “cuánto hace que no te pelabas una rodilla, vaquero?” Sonreí, demasiado sin duda,…
jueves, 31 de octubre de 2013
Funeral
Estar en un funeral no mola. El ambiente se tensa y la atmósfera se vuelve cargante y casi irrespirable.
Hasta aquí nada nuevo.
Estar junto a la mujer de tu compañero que estrena su condición de muerto, no mola. Saber que esa bala perdida y tonta no debería haber impactado a tu amigo es duro de aceptar. Saber que lo justo hubiera sido que te hubieran dado a ti es un drama pero vas a convivir con ello. Los pastelitos de marisco que están sirviendo son deliciosos, por cierto. El champán hace el resto.
Empiezo a sentirme algo mareado y porque no decirlo, borracho también. Saber que tu amigo se interpuso en la trayectoria suena a gesto heroico pero tu en el fondo sabes que no es así. Sabes que beber en acto de servicio no está bien pero es práctica habitual. El gesto heroico de tu compañero no fue tal, pese a la paliza que está soltando el jefe de la policia en su discurso. Esa estrella al valor concedida a título póstumo es una mentira. Sam, mi compañero, iba tan borracho que tropezó y la bala le machacó el tórax.
Lloro por las mentiras aunque todos piensan que lloro por Sam. Lloro por las injusticias del mundo aunque para ser justos la mujer de Sam tiene un culo de escándalo (ahora que me fijo bien).
Hora de irme a casa con mis fantasmas.
Hasta aquí nada nuevo.
Estar junto a la mujer de tu compañero que estrena su condición de muerto, no mola. Saber que esa bala perdida y tonta no debería haber impactado a tu amigo es duro de aceptar. Saber que lo justo hubiera sido que te hubieran dado a ti es un drama pero vas a convivir con ello. Los pastelitos de marisco que están sirviendo son deliciosos, por cierto. El champán hace el resto.
Empiezo a sentirme algo mareado y porque no decirlo, borracho también. Saber que tu amigo se interpuso en la trayectoria suena a gesto heroico pero tu en el fondo sabes que no es así. Sabes que beber en acto de servicio no está bien pero es práctica habitual. El gesto heroico de tu compañero no fue tal, pese a la paliza que está soltando el jefe de la policia en su discurso. Esa estrella al valor concedida a título póstumo es una mentira. Sam, mi compañero, iba tan borracho que tropezó y la bala le machacó el tórax.
Lloro por las mentiras aunque todos piensan que lloro por Sam. Lloro por las injusticias del mundo aunque para ser justos la mujer de Sam tiene un culo de escándalo (ahora que me fijo bien).
Hora de irme a casa con mis fantasmas.
domingo, 20 de octubre de 2013
Sueños de granjero
Jeff es granjero. Diría que trabaja de sol a sol pero mentiría ya que aquí casi nunca sale el sol. Está nublado y llueve casi todos los días pero trabaja sin parar.
Va con su tractor azul enorme de arriba a abajo, tiene vacas de leche y vacas de carne como dice él. Cuesta entenderle, su alemán es correcto pero su acento está viciado por su idioma materno.
Es joven, apenas debe llegar a los 25 pero su rostro y manos hablan de otra cosa, como el que ha estado en el frente y suele padecer una vejez prematura y prolongada.
Trabaja incluso los días de guardar y sueña con casarse con Manon, su novia. Ella es fea, de eso no hay duda pero buena gente. Solía montar a caballo pero eso debió ser cuatro vidas antes a la actual. Sueñan con el día después de su boda, el día que irán de viaje no muy lejos pero al menos unos 4 o 5 días seguidos. Cosa que nunca han hecho hasta ahora.
Maneras de vivir, diferentes a la mía pero de igual forma válidas.
Va con su tractor azul enorme de arriba a abajo, tiene vacas de leche y vacas de carne como dice él. Cuesta entenderle, su alemán es correcto pero su acento está viciado por su idioma materno.
Es joven, apenas debe llegar a los 25 pero su rostro y manos hablan de otra cosa, como el que ha estado en el frente y suele padecer una vejez prematura y prolongada.
Trabaja incluso los días de guardar y sueña con casarse con Manon, su novia. Ella es fea, de eso no hay duda pero buena gente. Solía montar a caballo pero eso debió ser cuatro vidas antes a la actual. Sueñan con el día después de su boda, el día que irán de viaje no muy lejos pero al menos unos 4 o 5 días seguidos. Cosa que nunca han hecho hasta ahora.
Maneras de vivir, diferentes a la mía pero de igual forma válidas.
viernes, 18 de octubre de 2013
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