Sofía se ha arreglado a conciencia, quiere causar muy buena impresión. Se sabe caballo ganador y para ello va a tirar de clásicos: maquillaje suave y ligero para resaltar sus grandes ojos marrones, perfume fresco en el cuello y escote y un vestido ajustado que marca la línea a seguir.
Sabe que llega tarde. Le gusta sentirse importante. Llegar ligeramente tarde le hace sentirse importante. No es que llegue media hora tarde, no se trata de eso. Tiene estudiado que llegar entre 7 y 8 minutos tarde es lo ideal. Llegar antes es de looser, llegar on time es aburrido ya que denota un interés excesivo por quedar bien y llegar media hora tarde es de maleducado.
Hoy ha quedado con Pedro. Tiene ganas pero intuye que hay gato encerrado. Nunca se ha fiado de Internet. No se fía porque ella es la primera que ha mentido (como una bellaca diría su abuelo militar). Sentada en el taxi camino al lugar de encuentro rememora las numerosas conversaciones que han tenido e intenta descifrar qué es lo que no le cuadra. No lo consigue.
Pedro es extremadamente sensible. Diría que siempre sabe lo que piensa y cómo lo piensa. Le encanta y la intimida. Le sorprende y le asusta.
El taxi se detiene en el semáforo anterior al lugar acordado. Ella está más dubitativa que nunca. Qué hacer?
Semáforo en verde.
El Seat León arranca sin prisa pero sin pausa.
El taxista le dice: “es aquí?”
Ella contesta: ….
viernes, 30 de septiembre de 2011
jueves, 29 de septiembre de 2011
nervios de 1ª
Pedro (Lucía) está nervioso(a). Es su primera vez. No es su primera vez pero sí es su primera vez. Lleva mucho tiempo esperando una ocasión así. Intuye que es su momento.
Él (ella) lleva unos pantalones de pinza azules de algodón y una camisa blanca con finas rayas azules con el típico cuello italiano. Siempre había admirado a los chicos que vestían elegantes a la par que modernos.
Se siente raro(a). Le sudan las manos. Eso no ha cambiado. Mira su reloj. Es un Tissot antiguo con la esfera casi cuadrada con las manecillas de color naranja. Le da seguridad. Sabe que la necesita.
Son las 21:04. Han pasado 4 minutos, algo va mal se pregunta. Enseguida se auto responde que no, todo va bien, tan sólo es un pequeño retraso. Ha comprado flores, es lo que un hombre suele hacer en una primera cita o eso es lo que siempre ha visto.
Sofía se retrasa pero según su perfil eso es habitual. Llevan tiempo hablando, se conocen sin conocerse. Se quieren sin querer o quererse. Confidencias nocturnas a la luz de una triste lámpara. Infinidad de copas de Chardonnay barato mientras se contaban la vida y milagros.
Aunque no todos sus milagros. Pedro (Lucía) sabe que no ha sido 100% sincero(a). Él (ella) ha estado cerca de desvelar su secreto pero siempre lo ha ocultado.
Hoy es el día. Caixa o faixa.
Él (ella) lleva unos pantalones de pinza azules de algodón y una camisa blanca con finas rayas azules con el típico cuello italiano. Siempre había admirado a los chicos que vestían elegantes a la par que modernos.
Se siente raro(a). Le sudan las manos. Eso no ha cambiado. Mira su reloj. Es un Tissot antiguo con la esfera casi cuadrada con las manecillas de color naranja. Le da seguridad. Sabe que la necesita.
Son las 21:04. Han pasado 4 minutos, algo va mal se pregunta. Enseguida se auto responde que no, todo va bien, tan sólo es un pequeño retraso. Ha comprado flores, es lo que un hombre suele hacer en una primera cita o eso es lo que siempre ha visto.
Sofía se retrasa pero según su perfil eso es habitual. Llevan tiempo hablando, se conocen sin conocerse. Se quieren sin querer o quererse. Confidencias nocturnas a la luz de una triste lámpara. Infinidad de copas de Chardonnay barato mientras se contaban la vida y milagros.
Aunque no todos sus milagros. Pedro (Lucía) sabe que no ha sido 100% sincero(a). Él (ella) ha estado cerca de desvelar su secreto pero siempre lo ha ocultado.
Hoy es el día. Caixa o faixa.
martes, 27 de septiembre de 2011
Las botas de agua
María estrena botas de agua hoy. Son rojas pero con delgadas líneas blancas transversales. Las compró ayer con Marta. Marta es su madre pero son de esas familias que se llaman por el nombre, nada de “mamá” o “papi”.
María tiene 9 años, se halla en la difícil frontera entre ser niña y ser adolescente. Le sigue gustando jugar a “cocinitas” con su prima Sandra pero intuye que menos que antes.
Siempre ha sido fan de llevar botas de agua, se siente protegida en los duros y fríos días lluviosos. Con ellas siente que su poder se multiplica. Su poder radica en deslizarse sobre los charcos cual pato por el estanque. Las botas del año pasado eran marrones con manchas azules y amarillas con tres letras dibujadas “POP”. Eran buenas pero le recalentaron la planta del pie derecho en más de una ocasión.
“No son las mejores”- había dicho ya en los primeros compases.
“Son las que hay”- respondió Marta.
María siempre ha pensado que la gente que no lleva botas de agua no es de fiar, tienen algo raro. También se ha fijado que los mayores no las usan. Por tanto, no se fía de los mayores. Con el tiempo descubrirá que su forma de razonar es tan lógica como antigua (silogismo puro made in Aristóteles).
Son una prenda indispensable. El único pero que tienen es que al ser de plástico (desconoce que tipo de plástico), no transpiran bien y cuando las huele le viene el recuerdo de la quesería del final del pueblo de los yayos.
Hoy amenaza lluvia. Hoy toca ponerse las botas de agua.
María tiene 9 años, se halla en la difícil frontera entre ser niña y ser adolescente. Le sigue gustando jugar a “cocinitas” con su prima Sandra pero intuye que menos que antes.
Siempre ha sido fan de llevar botas de agua, se siente protegida en los duros y fríos días lluviosos. Con ellas siente que su poder se multiplica. Su poder radica en deslizarse sobre los charcos cual pato por el estanque. Las botas del año pasado eran marrones con manchas azules y amarillas con tres letras dibujadas “POP”. Eran buenas pero le recalentaron la planta del pie derecho en más de una ocasión.
“No son las mejores”- había dicho ya en los primeros compases.
“Son las que hay”- respondió Marta.
María siempre ha pensado que la gente que no lleva botas de agua no es de fiar, tienen algo raro. También se ha fijado que los mayores no las usan. Por tanto, no se fía de los mayores. Con el tiempo descubrirá que su forma de razonar es tan lógica como antigua (silogismo puro made in Aristóteles).
Son una prenda indispensable. El único pero que tienen es que al ser de plástico (desconoce que tipo de plástico), no transpiran bien y cuando las huele le viene el recuerdo de la quesería del final del pueblo de los yayos.
Hoy amenaza lluvia. Hoy toca ponerse las botas de agua.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Auto-Test
1. Un país: Suiza. Es ordenado, limpio, hay pasta. Es bonito, se puede esquiar. Gran sitio para los amantes del queso.
2. Un vino: Me gusta el vino (y mucho) pero no tengo un vino preferido. El vino ideal? Probablemente el que traiga un buen amigo a casa cuando viene a cenar.
3. Un hotel: Muchos. Aunque sin, duda guardo un gran recuerdo de uno al que fui con mi mujer en Brasil (en la costa). Insuperable.
4. Unos zapatos: Las Crocs. Han sido mi descubrimiento del verano.
5. Un coche: el mío. Un coche grande, familiar y que nos lleve al infinito y más allá.
6. Una playa: Cualquiera de las Baleares. Nada a envidiar al Caribe.
7. Un postre: Mmmm. Crocanti (y eso me cuesta millones de críticas)
8. Una serie de TV: In Treatment. La compré en dvd cuando estuve viviendo en Londres el año pasado. Genial aunque no sé si sería un éxito masivo en la tv.
9. Un libro: Muchos. Cualquiera que me haga pasar un buen rato.
10. Un personaje: Quim Monzó. El otro día salió en la tv. El programa consiste en que el presentador se autoinvita y pasa un fin de semana en casa de algún famoso/conocido. En este caso, pasó el finde con Monzó. Un crack. Un tío muy raro pero un genio.
2. Un vino: Me gusta el vino (y mucho) pero no tengo un vino preferido. El vino ideal? Probablemente el que traiga un buen amigo a casa cuando viene a cenar.
3. Un hotel: Muchos. Aunque sin, duda guardo un gran recuerdo de uno al que fui con mi mujer en Brasil (en la costa). Insuperable.
4. Unos zapatos: Las Crocs. Han sido mi descubrimiento del verano.
5. Un coche: el mío. Un coche grande, familiar y que nos lleve al infinito y más allá.
6. Una playa: Cualquiera de las Baleares. Nada a envidiar al Caribe.
7. Un postre: Mmmm. Crocanti (y eso me cuesta millones de críticas)
8. Una serie de TV: In Treatment. La compré en dvd cuando estuve viviendo en Londres el año pasado. Genial aunque no sé si sería un éxito masivo en la tv.
9. Un libro: Muchos. Cualquiera que me haga pasar un buen rato.
10. Un personaje: Quim Monzó. El otro día salió en la tv. El programa consiste en que el presentador se autoinvita y pasa un fin de semana en casa de algún famoso/conocido. En este caso, pasó el finde con Monzó. Un crack. Un tío muy raro pero un genio.
lunes, 19 de septiembre de 2011
cambio de armario
Café recién hecho con su olor característico colándose por el agujero de la escalera.
La brisa fresca que entra en casa por la ventana. Los días todavía languidecen pero muestran ya los primeros síntomas de un verano que se seca.
Juan coge su gabardina del ropero y el paraguas. “Nunca se sabe”-piensa en su fuero interno. El día ha amanecido espeso de esos que invitan a coger el jersey y los calcetines.
Él es hombre de costumbres. Este fin de semana a la vista de las predicciones ha hecho el cambio de armario. Adiós a las chanclas, pantalones cortos y risas en la playa. Se ha despedido de los chiringuitos y los baños nocturnos en el mar. Ni qué decir tiene que ha guardado a buen recaudo los instantes fugaces pero intensos con Lucía este verano. El cajón ha aguantado el peso pero no hay espacio para nada más.
Él es hombre otoñal. Tiene días alegres con momentos de inmensa melancolía. Nada grave pero es su sello personal. Su caminar es tranquilo, cansino incluso. Se podría decir que acaricia las hojas que pueblan el suelo a su paso. Sopa para cenar, una copa de vino en la cena y castañas de postre.
Hoy el día es de otoño. Mañana ya veremos.
La brisa fresca que entra en casa por la ventana. Los días todavía languidecen pero muestran ya los primeros síntomas de un verano que se seca.
Juan coge su gabardina del ropero y el paraguas. “Nunca se sabe”-piensa en su fuero interno. El día ha amanecido espeso de esos que invitan a coger el jersey y los calcetines.
Él es hombre de costumbres. Este fin de semana a la vista de las predicciones ha hecho el cambio de armario. Adiós a las chanclas, pantalones cortos y risas en la playa. Se ha despedido de los chiringuitos y los baños nocturnos en el mar. Ni qué decir tiene que ha guardado a buen recaudo los instantes fugaces pero intensos con Lucía este verano. El cajón ha aguantado el peso pero no hay espacio para nada más.
Él es hombre otoñal. Tiene días alegres con momentos de inmensa melancolía. Nada grave pero es su sello personal. Su caminar es tranquilo, cansino incluso. Se podría decir que acaricia las hojas que pueblan el suelo a su paso. Sopa para cenar, una copa de vino en la cena y castañas de postre.
Hoy el día es de otoño. Mañana ya veremos.
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