miércoles, 5 de octubre de 2011

el hombre del faro

Me levanto justo antes que el día decida abrir un ojo. Siempre. Cada día. Ya sea navidad o año nuevo, el día de Acción de Gracias o el día de la marmota. Siempre.

Sigo el mismo ritual. Café molido de Brasil primero. Fuerte y sin leche. Necesito que algo marque claramente la línea entre el día y la noche. Pan con tomate, aceite y sal.

Subo los 60 escalones en forma de caracol. Miro el parte meteorológico y planifico el día. Si el parte es de tormenta, reviso el sistema del faro, los recambios y establezco contacto con los barcos que se hallan a menos de 20 millas de mi casa.
Si el parte pronostica calma. Hago mis tareas rutinarias con cierta pereza pero siempre antes de las 8 de la mañana.

Los días de calma suponen el 80% del total de días de un año. En esos días, me dedico a invertir en bolsa. Soy un inversor independiente. Invierto desde un punto remoto del mundo pero siempre me siento en medio del meollo. No soy un experto titulado pero créanme, no se necesita. Es fácil. Vender cuando todos compran y comprar cuando todos venden. Cabeza fría y no encariñarse con ningún valor.

He amasado una fortuna, unos 10 o 12 millones de euros en los últimos 10 años. Pura lógica. Sigo viviendo en el faro. Es mi modus vivendi. Tengo el trabajo asegurado. Nadie quiere vivir aquí, sólo y aislado. Mi última compañera se fue del faro hará unos 3 años. No soportaba vivir aquí. Casa estrecha, angosta y todo escaleras.

Que no tenga compañera no quiere decir que no atienda mis necesidades fisiológicas básicas. Con parte del dinero que he ganado he creado una red social de hombres y mujeres ricos y con ningún tipo de pudor. Es una sociedad secreta. Sólo se entra por invitación directa de un socio. Yo, como socio fundador gozo del privilegio de no tener que viajar. El resto de socios han de viajar cuando uno de ellos requiere su presencia. Los gastos de todo los sufraga el socio que requiere la presencia del otro.

Soy raro pero me gusta la vida que llevo.

lunes, 3 de octubre de 2011

nervios de 3ª

Los segundos pasan pero tan sólo han pasado un par de ellos. En cambio, ella hubiera jurado que llevaba media vida ahí.

Ahí, debatiéndose entre el ser o no ser, entre el futuro incierto o el presente tenue, entre arriesgar o ir de Abarrategui.

Sofía ha jugado fuerte, cosa habitual en ella pero esta vez teme haber traspasado una línea cuyo retorno no está claro. Ha jugado con cierta ventaja todo el rato. Al principio, lo hizo por diversión, luego por curiosidad y luego no pudo parar.

Porqué no fui sincera se pregunta ahora mientras observa sin observar las bolitas del respaldo del taxista. Porqué no decirle la verdad cuando pude. Ser bisexual no es nada raro hoy en día aunque ella se confiesa nueva en la materia. Siempre había sido lesbiana confesa e incluso había hecho bandera de ello.

Pero Pedro le ha cambiado todo. Sus costumbres, su manera de ver al género cavernícola y la sensibilidad que pueden alcanzar. Pedro ha sido una bocanada de aire fresco que sin embargo se ha convertido en un huracán que amenaza con arrasar con todo.

Me atrevo? Tengo miedo? Seré capaz de explicarme?

“Es aquí?”- pregunta de nuevo el taxista.

“Mmm…no, creo que me he equivocado de dirección”- suelta. He dicho yo eso se pregunta. Soy imbécil, porque no reacciono.

El coche arranca y pasa por delante de Pedro (Lucía) que está chasqueando los dedos de una forma muy característica.

La imagen de los dedos, dónde he visto yo eso. Zas, la imagen le transporta 10 años atrás. Verano del 2001, Islas Azores. Fiesta del Sol. Había quedado con Lucía, una chica guapísima que se había ligado en la playa. No acudió a la cita por miedo.

Ya van dos. Miedo-2; Pedro(Lucía)-0

viernes, 30 de septiembre de 2011

nervios de 2ª

Sofía se ha arreglado a conciencia, quiere causar muy buena impresión. Se sabe caballo ganador y para ello va a tirar de clásicos: maquillaje suave y ligero para resaltar sus grandes ojos marrones, perfume fresco en el cuello y escote y un vestido ajustado que marca la línea a seguir.

Sabe que llega tarde. Le gusta sentirse importante. Llegar ligeramente tarde le hace sentirse importante. No es que llegue media hora tarde, no se trata de eso. Tiene estudiado que llegar entre 7 y 8 minutos tarde es lo ideal. Llegar antes es de looser, llegar on time es aburrido ya que denota un interés excesivo por quedar bien y llegar media hora tarde es de maleducado.

Hoy ha quedado con Pedro. Tiene ganas pero intuye que hay gato encerrado. Nunca se ha fiado de Internet. No se fía porque ella es la primera que ha mentido (como una bellaca diría su abuelo militar). Sentada en el taxi camino al lugar de encuentro rememora las numerosas conversaciones que han tenido e intenta descifrar qué es lo que no le cuadra. No lo consigue.

Pedro es extremadamente sensible. Diría que siempre sabe lo que piensa y cómo lo piensa. Le encanta y la intimida. Le sorprende y le asusta.

El taxi se detiene en el semáforo anterior al lugar acordado. Ella está más dubitativa que nunca. Qué hacer?

Semáforo en verde.

El Seat León arranca sin prisa pero sin pausa.

El taxista le dice: “es aquí?”

Ella contesta: ….

jueves, 29 de septiembre de 2011

nervios de 1ª

Pedro (Lucía) está nervioso(a). Es su primera vez. No es su primera vez pero sí es su primera vez. Lleva mucho tiempo esperando una ocasión así. Intuye que es su momento.

Él (ella) lleva unos pantalones de pinza azules de algodón y una camisa blanca con finas rayas azules con el típico cuello italiano. Siempre había admirado a los chicos que vestían elegantes a la par que modernos.

Se siente raro(a). Le sudan las manos. Eso no ha cambiado. Mira su reloj. Es un Tissot antiguo con la esfera casi cuadrada con las manecillas de color naranja. Le da seguridad. Sabe que la necesita.

Son las 21:04. Han pasado 4 minutos, algo va mal se pregunta. Enseguida se auto responde que no, todo va bien, tan sólo es un pequeño retraso. Ha comprado flores, es lo que un hombre suele hacer en una primera cita o eso es lo que siempre ha visto.

Sofía se retrasa pero según su perfil eso es habitual. Llevan tiempo hablando, se conocen sin conocerse. Se quieren sin querer o quererse. Confidencias nocturnas a la luz de una triste lámpara. Infinidad de copas de Chardonnay barato mientras se contaban la vida y milagros.

Aunque no todos sus milagros. Pedro (Lucía) sabe que no ha sido 100% sincero(a). Él (ella) ha estado cerca de desvelar su secreto pero siempre lo ha ocultado.

Hoy es el día. Caixa o faixa.

martes, 27 de septiembre de 2011

Las botas de agua

María estrena botas de agua hoy. Son rojas pero con delgadas líneas blancas transversales. Las compró ayer con Marta. Marta es su madre pero son de esas familias que se llaman por el nombre, nada de “mamá” o “papi”.

María tiene 9 años, se halla en la difícil frontera entre ser niña y ser adolescente. Le sigue gustando jugar a “cocinitas” con su prima Sandra pero intuye que menos que antes.

Siempre ha sido fan de llevar botas de agua, se siente protegida en los duros y fríos días lluviosos. Con ellas siente que su poder se multiplica. Su poder radica en deslizarse sobre los charcos cual pato por el estanque. Las botas del año pasado eran marrones con manchas azules y amarillas con tres letras dibujadas “POP”. Eran buenas pero le recalentaron la planta del pie derecho en más de una ocasión.

“No son las mejores”- había dicho ya en los primeros compases.

“Son las que hay”- respondió Marta.

María siempre ha pensado que la gente que no lleva botas de agua no es de fiar, tienen algo raro. También se ha fijado que los mayores no las usan. Por tanto, no se fía de los mayores. Con el tiempo descubrirá que su forma de razonar es tan lógica como antigua (silogismo puro made in Aristóteles).

Son una prenda indispensable. El único pero que tienen es que al ser de plástico (desconoce que tipo de plástico), no transpiran bien y cuando las huele le viene el recuerdo de la quesería del final del pueblo de los yayos.

Hoy amenaza lluvia. Hoy toca ponerse las botas de agua.