Objetivo Real: dinamizar el blog, está más muerto que Chanquete!!!!
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Arrodillada ahí en el confesionario todo tomó un rumbo diferente al esperado. Desde un principio, tuve claro que quería, que necesitaba confesarme para así purgar los pecados. Aunque para no mentir, debo decir también que tan sólo quería redimirme de alguno de ellos, no de todos. Unos tantos eran pecados en el sentido más estricto y puritano de la palabra pero mi conciencia se hallaba más que tranquila.
O eso pensaba yo. Fue hincar la rodilla y todo cambió. De pronto, noté cómo el bien y el mal desataban una lucha sin cuartel en mi interior. Era como si yo fuera una espectadora sentada en la tribuna y tan sólo ejerciera de invitada de honor. No podía y no debía tomar parte. Me ahorraré los detalles acerca de la forma física y espiritual que tomaban ambos bandos. Sé que no me creeríais y que sería el billete directo a la sala blanca acolchada.
En medio de la batalla se colaban palabras sueltas que intuyo que eran las que el párroco iba diciendo siguiendo el manual de bolsillo. Debo decir que ese hilo musical para nada desentonaba en esa especie de quimera en la que me hallaba inmerso.
La distorsión de lo que iba viendo iba en aumento hasta que, de golpe, todo oscureció y una voz en off (concretemente, la de mi padre) decía (a mi madre):
“Mira lo que ha hecho la guarra de tu hija”