viernes, 13 de marzo de 2015

Churros, sandalias y otros menesteres

Encontraré mi lugar o eso espero. Las dudas me asaltan hasta cuando he bajado la persiana de los párpados. Esos que me ofrecen falso cobijo y que impermeabilizan al mundo de mis momentos de bajón y oscurantismo prologado.

Caminando por la rambla de una vida común me he topado con eso que algunos llaman dificultades arquitectónicas y molestas obras de mantenimiento. Recuerdo pedir la licencia de obras y recibir una sonora colleja al estilo Sra. Fernández del cole (“niño no te salgas de la fila o cómete el pescado”) y así, entre dimes y diretes, el tiempo ha pasado.

Jamás pedí comprobante ni un recibí en los diferentes avatares ya que siempre creí en lo que mi padre llamaba pacto de caballeros. Con el tiempo, y con la imagen de que me habían levantado la camisa hasta quedarme tan sólo con una manida camiseta imperio, he comprendido por qué esos caballeros siempre andaban a caballo. Tonto el último.

Una vez leí que los que se quieren suicidar de verdad, se quitan los zapatos. Siempre me ha parecido un dato deliciosamente curioso. Esa desconexión que ofrecen las suelas a aquellos que nos hemos sentido perdidos en algún trayecto, no puede ser más que un burdo aislante. Por eso encuentro insultantemente lógico que el perdido o el “lost in translation” de turno, sienta que se ha de descalzar para recuperar la cordura que jamás debió perder. Para tener los pies en el suelo, ni que sea por un instante. El último instante.

Así pues, dispongo a descalzarme aunque mi inseparable pereza ahuyenta cualquier pensamiento que implique saltar al vacío o tirarme a la vía del tren porque el sólo hecho de pensar en la sangre hace que me desvanezca.

Me descalzo, me estiro en el sofá y me tomo mi chocolate con churros.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Cassoles

Avui no diré res de nou. Ni que mai ho fes, però avui segurament serà encara més evident. Soc barceloní, i ja fa tres nits que a les 10 tinc que abaixar el volum de la televisió. M’aixeco del sofà vaig a la cuina i agafo una cassola i una cullera i au, a picar. És un so tan simple, tan bàsic que és enorme a la vegada. Jo el considero un moment vital ja que reconforta, no ets sents sol. Notes que alguna cosa passa i tu en formes part. I això, reconforta.

Sóc un gran defensor del silenci i dels deliciosos moments de solitud pactada o espontània. Jo els necessito, m’ajuden a ordenar idees, fixar prioritats i gaudir d’un bé molt preuat, el cara a cara amb un mateix.

Però nanos, el poder de la cassola és gran. I el tribunal constitucional encara no ho ha vetat però vaja no hi posaria la mà al foc.


Cassoles, culleres i sentiment de comunitat. Reconfortant.

lunes, 13 de octubre de 2014

Ser lo que se dice ser,...

Ser ese primer aroma de café,
Ser tu dulce cadena perpetua,
Ser el ying en busca del yang,
Ser ese billete de 10 en el pantalón viejo,
Ser el scalextric de una tarde aburrida,
Ser la coca-cola en un día de resaca,
Ser las palomitas del cine,
Ser los calcetines que dan color a tu negra indumentaria,
Ser la trompeta y el piano,
Ser el escalofrío de las madrugadas,
Ser el suspiro al entrar en la piscina,
Ser los pasos a seguir,
Ser lo que tenga que ser,
Estar donde tenga que estar,
Parecer lo que tenga parecer,
Y Resultar,…

lunes, 6 de octubre de 2014

La memoria de Walt

Walt es Walt, de eso no cabe duda. Vive en su mundo de cristal, agua más o menos clara y realidad circular. Tiene los ojos saltones (como no podía ser de otra manera) y un color que combina mal con casi cualquier cosa. Se mueve sin parar y parece estar contento cuando sonríe. Eso si es que un pez puede sonreír, que lo dudo.

Walt no tiene memoria o muy finita. Hay veces que dejo de respirar unos diez segundos y pienso que, en ese período breve de tiempo, Walt ha borrado al menos cinco veces su memoria. Por un momento pienso, cómo sería vivir sin memoria pero tal planteamiento me asusta y dimito.

Me planto delante de la pecera de Walt y empiezo a hacer aquello que todo el mundo ha hecho al menos una vez estando delante de un pez, juntar las comisuras de los labios y empezar a imitar el movimiento de un pez. Patético, lo sé pero es domingo y fuera está lloviendo (ah, y ya puestos hago lo que me da la gana).

A menudo creo la memoria es esa proyección idílica que tenemos de uno mismo o de una situación en concreto. También creo que nos engaña constantemente y frecuentemente con nocturnidad y alevosía, dibujando cielos más azules, aguas más cristalinas y sabores más intensos (y por qué no decirlo, chicas más guapas). Tendemos a idealizar.
Pese a ser mentirosa, tendenciosa y manipuladora, la memoria es probablemente lo que le da sentido a la vida y una de esas cosas por las cuales vivimos.

¿Dónde habré dejado la comida de Walt?

martes, 30 de septiembre de 2014

Y se fue

Y se fue para no volver o eso dijo. Y se fue como tantas cosas se van. Y se fue buscando un algo mejor. Y se fue sin importar el qué dirán. Y se fue sin pensar más allá de la cena de hoy. Y se fue sin pretender retar al futuro aunque sí al presente. Y se fue porqué sí. Y se fue con un ramo marchito bajo el brazo. Y se fue en un tren como tantos otros. Y se fue sin esperar al cambio de hora. Y se fue respetando la amargura inherente de los otros. Y se fue mascando chicle previa digestión de la tragedia. Y se fue sin la pena de Chanquete. Y se fue saludando al respetable pero en silencio. Y se fue con la vista cansada pero sin las gafas de cerca. Y se fue peine en mano pero con poco que peinar. Y se fue porque tocaba. Y se fue con el periódico de ayer y el olvido del mañana. Y se fue con un calcetín de cada color. Y se fue con un boli BIC en el bolsillo. Y se fue sin el estruendo de otros pero con la admiración de muchos. Y se fue porque no podía ser de otra manera. Y se fue bebiendo el alegre trago de la feina ben feta. Y se fue vistiendo al pasado. Y se fue guiñando un ojo o los dos. Y se fue sin batería y fuera de cobertura. Y se fue sin plusvalías ni cotizaciones. Y se fue con algún recorte que otro. Y se fue pese a todo.