martes, 10 de diciembre de 2013

Protesto! Denegada.

Robert es abogado. De los de traje, gomina y colonia de varios cientos de dólares. Pese a su aspecto de cretino integral, es buena gente, no es la mejor persona que he conocido pero supera la media.

Es un trabajador incansable. Infatigable, diría yo. Un “hard-worker”, vamos. Levantó su bufete de cero con su amigo de facultad y juergas, Allen. Los inicios fueron duros, nada especial pero en su quinto año de andadura profesional vino el despegue, el caso que encumbró a ambos y a su bufete. Llegaron los casos gordos, de los de varios cientos de miles de dólares. De los que levantan expectación en la prensa, los casos donde una victoria te asegura el budget de los próximos dos o tres años.

Dinero para fichajes de abogados seniors y juniors. Pasta para secretarias de tetas operadas y alta capacidad operativa según incluía el briefing que le pasaron a la empresa de cazatalentos para estos puestos. Flores frescas cada día según les recomendó su asesora de imagen corporativa, la cual cobraba una cantidad nada desdeñable. Y como no, un palco para ver los partidos de la NBA con clientes selectos.

Puro show business. Dos hombres hechos a sí mismo, el sueño americano típico y tópico.
Robert ha disfrutado de eso y de lo que uno se puede imaginar pero no decir. Fue bueno mientras duró pero la conciencia está picando a la puerta últimamente. Esa visitante furtiva pero cada vez más asidua que le suele traer largos ratos de insomnio con mayor frecuencia. El caso actual se lleva la palma. Un pez gordo acusado de violar a una menor. Él sabe que es culpable y pese a todo les une un vínculo profesional inquebrantable. Un contrato multimillonario que firmaron en la cresta de la ola que aseguraba ingresos sustanciales al bufete cada año.
En su momento, les pareció un gran “deal” pero sin duda ahora, Robert lo califica como su tumba.

Esta tarde Robert ha ido al garaje, ha abierto la caja de herramientas y ha cogido el martillo. El mismo que usarán para apuntalar los clavos de su ataúd. Siempre le han gustado las metáforas macabras.

4 comentarios:

  1. Vendió su alma al diablo...típico de los que juegan con la justicia

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  2. "Pactar con el diablo"
    Hay que mantenerse limpito que luego, enseguida hueles

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    Respuestas
    1. Y ni el jabón más eficaz te salva, Maripili!

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